Estamos en guerra

Es muy difícil pedir abstracción y que intentemos echar un vistazo general a cómo está el mundo. Es muy difícil porque ni echándolo los que tienen más datos pueden dar una definición certera o digna de confianza total.

Si a nivel nacional, en España por ejemplo, los activistas pro derechos humanos no han (hemos) sido capaces de evitar el avance de gobiernos que les dan a esos derechos una importancia relativa, es muy difícil esperar que seamos capaces de ver que ese es incluso un mal menor en comparación con el actual devenir de la actualidad geopolítica mundial.

Tenemos muchos frentes abiertos, tanto de los que todo el mundo identifica como tales, guerras, como los que suponen también ataques pero que se reducen a la economía. Mientras que puedo encontrar legitimidad en los segundos, pues es natural que países que hasta ahora han sido relegados al “segundo mundo” se abran camino, lo que implica que el “primer mundo” tenga necesariamente que compartir pastel, son los primeros los que encuentro que se mantienen como una amenaza a aquello en lo que nunca deberíamos renunciar, nuestra libertad más íntima.

Existe un aumento cada vez más acentuado de la expansión fundamentalista religiosa. Claramente encabezada por el Islam más radical, pero que está siendo respondida con un abrazo a otras religiones actualmente mucho menos radicales (pero que también lo son potencialmente) e igual de irracionales y con una finalidad coartadora idéntica, aunque su vehículo sea distinto. Es decir, tanto por una parte como por otra, nuestros derechos humanos fundamentales están siendo amenazados.

Por una parte, ignorar el problema y no hacer nada es un error que únicamente retrasa nuestra percepción del mal que amenaza con llegar, pero por otra parte hay que ser muy cauto a la hora de atacar el problema.

Creo que la acción principal por parte de la gente de a pie debería centrarse en dignificar todo aquello que está siendo amenazado, porque cuando aprecias algo es cuando de verdad lo defiendes para que nadie te lo quite. Más abajo hay un enlace a la Declaración de los Derechos Universal de los Derechos Humanos, algo que deberíamos grabarnos a fuego desde la escuela, algo que todos tendríamos que conocer y que sin embargo desconocemos. Pásala a tus amigos, pásala a tu familia, comenta sus artículos, hazla tuya (o date cuenta de que lo es). Es una declaración sencilla de entender, breve, concreta, básica, mínima. En serio, léela, aunque ya lo hayas hecho antes.

Y el papel de las Organizaciones Internacionales. Entenderlo. Entender su difícil posición en un horizonte lleno de intereses enfrentados. Muchos consideran que no consiguen nada, pero nada de lo que han conseguido podríamos tenerlo sin ellas. Es la única manera de plantar un poco de racionalidad en mitad de todas estas guerras de ambiciones egoístas, aunque su capacidad de actuación efectiva esté lógicamente limitada. La existencia de la ONU nunca la valoramos en su justa medida.

Por el contrario, las agresiones de unos están siendo respondidas en el mismo lenguaje de muerte, destrucción y dominación.

No puedes luchar contra un sistema si mientras peleas lo acoges como tuyo. En ese caso lo que estás es dándole la victoria mientras únicamente causas bajas humanos. No luchas contra el humano que defiende la idea que pretende dominarte, luchas contra la idea en sí.

Ese ha sido el error que se ha cometido cuando, por ejemplo, ante ataques islámicos fundamentalistas la postura ha sido de ataque a cualquiera relacionado con el mundo musulmán, sin pararte a pensar en el humano al que estás atacando y empujando hacia la postura radical que realmente es la que pretendías eliminar. No se elimina nada alimentándolo.

Y dignificar el ateísmo. Mientras sigamos pensando que la religión de otro es mala porque no es la nuestra, cuando la nuestra se asienta en fundamentos tan débiles como la otra ¿qué sentido tiene? Es como aquella discusión entre colonos judíos y agricultores musulmanes en la que acababan diciendo cada cual que una tierra era suya porque lo decía en un libro sagrado de hace siglos. Es absurdo.

El ateísmo no es, como he leído por ahí, el equivalente a una religión dogmática, es el reconocimiento humilde de que inventamos fantasías para cubrir y esconder nuestros miedos humanos, es aceptar que no se sabe todo y que eso no implica que tengamos que mentir para llenar el vacío, sino que ante lo mucho que queda por saber lo único que podemos es aprender, y eso lleva tiempo y no está en ningún documento mágico que nos haya entregado ningún supuesto dios omnipotente.

En fin, estoy preocupada, y me consta que mucha gente también lo está, y creo que sobre este tema debería hablarse más, por lo menos para que lleguemos a tener claro qué es lo que queremos defender, por qué causa es realmente por la que tenemos que luchar.

Yo la tengo clara, peleo por los Derechos Humanos, que no pertenecen a ninguna nación. Ni a ninguna cultura.

http://www.un.org/es/documents/udhr/

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