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Libros de texto, políticos, religión y Educación para la Ciudadanía.

En primaria, los libros de textos siempre dicen “la verdad”. Así lo ve un niño pequeño. La verdad, sin discusión, sin matices, lo que es. El pensamiento crítico en esa etapa está muy limitado, de hecho, la diferenciación misma entre lo que es real y lo que no, fuera de los libros, está por determinar en esa etapa de la infancia.

Por eso es tan importante que, en los colegios, no se utilice esa inocencia, esa flexibilidad, contra el niño. Contra el niño, sí, bien para engañarle respecto a una ideología política, bien para introducirle dogmas religiosos, para lo que sea.

Por eso es por lo que, quienes quieren engañar, quienes lo necesitan porque su postura no es racional ni razonable, están tan interesados en todo lo contrario.

Un libro de texto señala las bondades de Esperanza Aguirre. Y no es que mienta, al menos no del todo. Es que instruye en un pensamiento incontestable por el niño, le presenta algo como absoluto, si Aguirre aparece como buena en determinados aspectos, para el niño el concepto Aguirre, en términos generales, es bueno, no tiene ni datos ni herramientas para criticar la verdad de los datos que se le ofrecen y contrastarla con los que se le ocultan.

Lo mismo ocurre con religión. Esa es la gran cobardía de los dogmáticos, que tienen que acudir a mentes indefensas para poder calar. No soportan un contraste racional de alguien ya formado que no haya sido previamente intoxicado con creencias absolutas en su niñez.

Y algunos dirán “Educación para la Ciudadanía…”. Educación para la Ciudadanía no adoctrina. No debe hacerlo bien impartida, porque únicamente se trata de una exacción de los principios constitucionales, algo que sí que está vigente para todos. El maestro, en este caso, ha de trasladar también que la Constitución, vigente y válida, no es inamovible, pero que los derechos fundamentales y libertades que recoge trascienden a esa propia constitución, y que su reconocimiento proviene de una decisión que va más allá de la potestad de uno u otro Estado, que surge de la necesidad de establecer que hay límites que nadie puede pasar, sin convertirse en monstruo.

En Educación para la Ciudadanía aprendes que la Constitución es imprescindible, y su respeto valioso. Esa misma Constitución que los conservadores encumbran para evitar declaraciones independentistas, pero que quieren esconder cuando sirve para enseñar a los niños que nadie, ni un jefe, ni un maestro, ni un cura, ni un poderoso puede hacerles bajar la cabeza y obedecer servilmente.

El monstruo compartido

Arrojar un bebé a la basura, para que muera ahí, para que desaparezca. Es monstruoso, claro que lo es. Y pasa muy a menudo.

El abandono es una forma de maltrato infantil. Una cuarta parte de todos los adultos manifiestan haber sufrido maltratos físicos de niños. Una cuarta parte.

Es un problema generalizado, no algo que puede atribuirse a un monstruo incomprensible sin más. Eso no soluciona nada.

Ahora, en el caso de Mejorada, empiezan a verse factores que acompañan a ese abandono: situación socioeconómica complicada, miedo a perder el trabajo, otros hijos, falta de apoyo del padre, tensión y discusiones familiares por el nacimiento. No sabemos si hubo depresión post parto, no sabemos casi nada, solo sabemos un poco de lo que acompaña a la situación, no podemos juzgar como si con esa sentencia solucionáramos algo. No vale decir: Yo la enterraba, pena de muerte, cadena perpetua, bla bla bla, y quedarse tan tranquilo quitando el problema de en medio al individualizarlo.

No solucionas nada. Sigue habiendo uno de tantos niños abandonado. 3 hijos que se quedan sin madre si la encarcelan, viviendo con un padre que no quiere más hijos y a saber si quería los que ya tiene. Y sigue pasando lo mismo en muchos más casos, en muchas más familias, cada día, en todo el mundo.

El enfoque que anima a hacer la OMS para prevenir el maltrato infantil es multidisciplinar. No es solo está la pobreza, que por supuesto influye (la tasa de homicidios de niños es el doble en los países de bajos ingresos que en los de altos ingresos), también la desigualdad, que puede darse en países desarrollados como el nuestro. Y el nivel general de violencia en la sociedad, como indica UNICEF. En EEUU o México el índice de mortalidad de menores por maltrato físico es más elevado, con cifras 10 o 15 veces mayores que en el resto de las naciones desarrolladas.

¿Cómo solucionarlo, cómo reducirlo? ¿Queremos hacerlo? Porque cuesta esfuerzo y dinero y forma parte de una concepción solidaria de la sociedad. Claro que es monstruoso el caso concreto. Pero más monstruoso es no afrontarlo como sociedad y contentarnos con encarcelar y condenar a los autores, mientras esperamos a conocer el próximo caso.

(Sobre el caso concreto, uno de muchos: Hace un par de días un vecino alertó de lo que parecía el llanto de un bebé en un contenedor soterrado de basuras. Dos guardiaciviles consiguieron salvar al niño. Poco a poco se desvela que lo arrojó su madre, a los 10 días de vida, al verse sobrepasada por la situación, miedo a perder su trabajo, conflictos con el padre que no quería tener más hijos… http://ccaa.elpais.com/ccaa/2015/07/16/madrid/1437033514_383544.html)

Las Reglas de Juego

A mi me parece estupendo que tengas una gran idea, el valor y la fuerza de trabajo para ponerla en marcha, y que obtengas una notable recompensa económica por ello. Es más, si esa idea es útil, me gusta además que el reconocimiento social sea equivalente.

Ahora, con las mismas reglas que todos.

Que si triunfas sea por tu idea, no gracias a esclavizar a nadie, ni aquí, ni en ningún otro sitio. Ni en tu empresa, ni utilizando consultoras para esquivar Convenios colectivos gracias a una situación de crisis en la que las personas tienen que trabajar aunque sea cobrando apenas. Ni en tu empresa, ni fabricando en países subdesarrollados. Porque si legitimamos que uno puede utilizar ese tipo de argucias para enriquecerse, vas a acabar queriendo que existan esas situaciones. Te va a encantar la crisis, te va a encantar el subdesarrollo, los vas a fomentar, porque pensarás que son el vehículo para tu triunfo. Empezarás a decir cosas como “siempre habrá pobres”, empezarás no solo a creértelo, sino a poner todo tu empeño en que sea así. Porque a la buena vida uno se acostumbra pronto y la empatía con otras personas es fácil de perder. A veces ni siquiera hace falta porque nunca se tuvo.

A mi me parece estupendo que tu idea llegue a todas partes, que enriquezca a otros con su utilidad, que sea global. Pero si operas en un mercado donde las reglas de juego regulan un Estado de Bienestar, si quieres vender ahí, tienes que tributar ahí por los beneficios ahí obtenidos. Y estamos en las mismas de antes. No valen trampas. Porque si trampeas, querrás que siga existiendo la posibilidad. Presionarás para que las leyes tengan agujeros para que tu Gran Empresa se escape, mientras los pequeños comerciantes tienen que sostener como puedan ese sistema… hasta que se caiga. Y si no te compensa, no vendas ahí. Si lo haces, colaborando como todos.

Lo releo y suena tan obvio…

Pues no, no es tan obvio. La avaricia rompe el saco.

El imperio de los cobardes

La cobardía (intrínseca o aprendida) vuelve al pobre conservador, y ese conservadurismo le mantiene siempre pobre.

Hacemos estupideces, cada día, por inercia. Una, otra, otra vez: Una inercia alimentada por el miedo a destacar (para mal), a que otro nos juzgue y su juicio nos cause algún mal, miedo a nuestra propia mediocridad, miedo a que se nos vea y que no demos la talla.

Cada vez que alguien decide no protestar ante una injusticia, cada vez que mira para otro lado, cada vez que, incluso a sí mismo, culpabiliza a la víctima con tal de no afrontar el reto que supone trabajar para solucionar el problema de fondo, vamos construyendo una realidad peor.

Cobarde. La cobardía es una de las características que más repelen en una persona. Sí, puede que te permitan estar en ese grupo porque eres de los que no dan problemas, pero no es por ti, es porque eres fácil de utilizar. Dejas de ser persona para ser carnaza, carnaza voluntaria.

Nos preguntamos cómo ganan una y otra vez los conservadores en países llenos de pobres (pobres con trabajo o sin él). Porque nos hemos vuelto cobardes.

Esos conceptos “modernos” como la resiliencia, son asumidos por un público pobre de filosofía para, no ya soportar situaciones adversas, sino adecuarlas al sistema diario como algo normal o incluso deseable. Sistema podrido que hace bueno lo malo.

Nos faltan perspectivas. No queremos levantar la mirada por miedo a ver en qué nos hemos convertidos. Sentadito en tu sitio, haciendo como que trabajas, entregando lo mínimo, una obra mediocre, “cumpliendo”, para llegar a casa, enchufarte la tele, la comida, los niños… una existencia miserable. Nos convencemos: “está bien, hago lo que puedo”, porque no queremos encarar el hecho de que es así de triste gracias a nosotros, gracias a nuestra negativa a levantarnos y cambiarla.

Cobardes. Cobardes y vagos. Los condenados a vivir a base de alimentarse con los éxitos de otros, de los mismos a los que les echan una carga mayor encima, sin jamás agradecerles nada.

Hay humanos que son mucho más sanguijuela que humanos. Y el mundo sigue adelante. Pese a ellos. Y seguiremos trabajando para mejorarlo. Pese a ellos. Y para ellos también, es así.

¿Para qué les sirve la crisis?

Una crisis económica básicamente consiste en que los que están en ella se ven desprendidos de sus bienes, que pasan a pertenecer a otros.

El dinero no se desvanece… o se concentra en menos manos (que es lo que ha pasado en nuestro caso) o se va a otros lugares (que también ha pasado, pero unido a lo primero).

Las crisis de este tipo, como la financiera, buscan límites. Buscan fijar con qué sueldos míseros se puede vivir, de manera que los que acumulan puedan acumular más. Hay gente a la que no le importa pisar cabezas a cambio de poder empacharse de marisco.

En España no pasará la crisis hasta que los españoles vuelvan a tener la situación económica que tenían antes. Antes no en 2005 o 2007, antes cuando había seguridad jurídica, cuando el trabajo no era un suplicio precario que te provocaba ansiedad, antes cuando los sueldos eran medianamente dignos.

Mi padre, como administrativo cualificado cobraba hace 20 años más que lo que cobro yo en la misma empresa como abogada (técnico superior también especializado).

Nos llevan estafando mucho tiempo… aquellos en los que el dinero se ha concentrado.

Victorias pírricas

Por supuesto que la política de austeridad auspiciada por Merkel y la derecha europea ha fracasado y fracasa cada día. Claro que es insostenible. Claro que es cruel y deleznable enriquecerse a base de créditos leoninos a costa de dejar a gente morir en la pobreza pudiendo asistirles, a costa de bajar los sueldos de manera que se trabaje a cambio de supervivencia.

Insistir en lo de siempre, el dinero no se evapora, está ahí, está en menos manos pero está. Las crisis de este tipo, como la financiera, buscan límites. Buscan fijar con qué sueldos míseros se puede vivir, de manera que los que acumulan puedan acumular más.

Pero es que la solución no pasa por disgregarse quienes pensamos que esto es así en posiciones opuestas en detalle, no pasa por insultarnos unos a otros o considerar que se vence aplastando al similar, aplaudiendo derrotas de alguien que está buscando lo mismo que tú. Eso es estúpido. Y no podemos permitirnos ser estúpidos.

Desde el comienzo de la crisis el PSOE​ ha luchado por los eurobonos, por sistemas mediante los que mancomunar la deuda, por soluciones keynesianas… en minoría, sin éxito en una Europa gobernada por la derecha.

Tener propuestas distintas dirigidas hacia lo mismo no debería separarnos. Debería hacernos conscientes de lo que nos une. Y si uno fracasa otro propone otra cosa, pero sin perder de vista la meta real, para no perderse en el camino.

Grecia es un país pequeño. Y la mayoría del partido que hoy gobierna es muy débil.

Se trata de que o somos muchos los que ponemos peso en la balanza para negociar lo lógico, para exigir lo único que es justo para todos, o no tenemos fuerza.

Y ya podemos felicitarnos por victorias pírricas, que seguirán sirviendo para nada.

Estamos en guerra

Es muy difícil pedir abstracción y que intentemos echar un vistazo general a cómo está el mundo. Es muy difícil porque ni echándolo los que tienen más datos pueden dar una definición certera o digna de confianza total.

Si a nivel nacional, en España por ejemplo, los activistas pro derechos humanos no han (hemos) sido capaces de evitar el avance de gobiernos que les dan a esos derechos una importancia relativa, es muy difícil esperar que seamos capaces de ver que ese es incluso un mal menor en comparación con el actual devenir de la actualidad geopolítica mundial.

Tenemos muchos frentes abiertos, tanto de los que todo el mundo identifica como tales, guerras, como los que suponen también ataques pero que se reducen a la economía. Mientras que puedo encontrar legitimidad en los segundos, pues es natural que países que hasta ahora han sido relegados al “segundo mundo” se abran camino, lo que implica que el “primer mundo” tenga necesariamente que compartir pastel, son los primeros los que encuentro que se mantienen como una amenaza a aquello en lo que nunca deberíamos renunciar, nuestra libertad más íntima.

Existe un aumento cada vez más acentuado de la expansión fundamentalista religiosa. Claramente encabezada por el Islam más radical, pero que está siendo respondida con un abrazo a otras religiones actualmente mucho menos radicales (pero que también lo son potencialmente) e igual de irracionales y con una finalidad coartadora idéntica, aunque su vehículo sea distinto. Es decir, tanto por una parte como por otra, nuestros derechos humanos fundamentales están siendo amenazados.

Por una parte, ignorar el problema y no hacer nada es un error que únicamente retrasa nuestra percepción del mal que amenaza con llegar, pero por otra parte hay que ser muy cauto a la hora de atacar el problema.

Creo que la acción principal por parte de la gente de a pie debería centrarse en dignificar todo aquello que está siendo amenazado, porque cuando aprecias algo es cuando de verdad lo defiendes para que nadie te lo quite. Más abajo hay un enlace a la Declaración de los Derechos Universal de los Derechos Humanos, algo que deberíamos grabarnos a fuego desde la escuela, algo que todos tendríamos que conocer y que sin embargo desconocemos. Pásala a tus amigos, pásala a tu familia, comenta sus artículos, hazla tuya (o date cuenta de que lo es). Es una declaración sencilla de entender, breve, concreta, básica, mínima. En serio, léela, aunque ya lo hayas hecho antes.

Y el papel de las Organizaciones Internacionales. Entenderlo. Entender su difícil posición en un horizonte lleno de intereses enfrentados. Muchos consideran que no consiguen nada, pero nada de lo que han conseguido podríamos tenerlo sin ellas. Es la única manera de plantar un poco de racionalidad en mitad de todas estas guerras de ambiciones egoístas, aunque su capacidad de actuación efectiva esté lógicamente limitada. La existencia de la ONU nunca la valoramos en su justa medida.

Por el contrario, las agresiones de unos están siendo respondidas en el mismo lenguaje de muerte, destrucción y dominación.

No puedes luchar contra un sistema si mientras peleas lo acoges como tuyo. En ese caso lo que estás es dándole la victoria mientras únicamente causas bajas humanos. No luchas contra el humano que defiende la idea que pretende dominarte, luchas contra la idea en sí.

Ese ha sido el error que se ha cometido cuando, por ejemplo, ante ataques islámicos fundamentalistas la postura ha sido de ataque a cualquiera relacionado con el mundo musulmán, sin pararte a pensar en el humano al que estás atacando y empujando hacia la postura radical que realmente es la que pretendías eliminar. No se elimina nada alimentándolo.

Y dignificar el ateísmo. Mientras sigamos pensando que la religión de otro es mala porque no es la nuestra, cuando la nuestra se asienta en fundamentos tan débiles como la otra ¿qué sentido tiene? Es como aquella discusión entre colonos judíos y agricultores musulmanes en la que acababan diciendo cada cual que una tierra era suya porque lo decía en un libro sagrado de hace siglos. Es absurdo.

El ateísmo no es, como he leído por ahí, el equivalente a una religión dogmática, es el reconocimiento humilde de que inventamos fantasías para cubrir y esconder nuestros miedos humanos, es aceptar que no se sabe todo y que eso no implica que tengamos que mentir para llenar el vacío, sino que ante lo mucho que queda por saber lo único que podemos es aprender, y eso lleva tiempo y no está en ningún documento mágico que nos haya entregado ningún supuesto dios omnipotente.

En fin, estoy preocupada, y me consta que mucha gente también lo está, y creo que sobre este tema debería hablarse más, por lo menos para que lleguemos a tener claro qué es lo que queremos defender, por qué causa es realmente por la que tenemos que luchar.

Yo la tengo clara, peleo por los Derechos Humanos, que no pertenecen a ninguna nación. Ni a ninguna cultura.

http://www.un.org/es/documents/udhr/